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¿Para qué sirve el latín?

A lo largo de los dos años que he dedicado al estudio de esta lengua (sin contar este año en el que, sin duda, vuelvo a disfrutar de ella), he recibido de forma constante esta pregunta de multitud de personas. No sólo por parte de mis compañeros que han elegido dedicarse a la rama científica, sino también de familiares, conocidos e, incluso, yo misma me la he formulado alguna vez.

latinAhora bien, como estudiante de Humanidades y amante incondicional de la cultura clásica, en especial de nuestros parientes los romanos, me he sentido alguna vez ridiculizada y atacada por decantarme por el estudio del latín. De hecho, existen blogs que califican el bachillerato humanístico como “un bachillerato científicamente analfabeto” debido a que las lenguas clásicas están vinculadas con algo antiguo o desfasado. Esto sorprende si tenemos en cuenta que, realmente, en muchos países no se llegan a plantear siquiera la utilidad de esta lengua, ya que mantiene su prestigio al considerarla vital (por ejemplo, en Italia dedican siete años al estudio del latín, mientras que lamentablemente en España sólo tres).

Antes de comenzar a argumentar que ciertamente el latín es útil, me gustaría detenerme un momento en las siguientes preguntas: ¿Es necesario que sirva para algo? ¿Acaso todo lo que aprendemos lo aplicamos específicamente en nuestro día a día? Estos interrogantes no se podrían responder mejor que con las palabras que en 2012 nos regaló el filólogo clásico Javier Álvarez:

Quizá el hecho de que algo que no sirve de mucho en la vida real nos apasione tanto es una de las tantas cosas bellas de las Humanidades”.

Pero como he afirmado, el latín sí que tiene utilidad y, además, de gran peso. Lo primero que nos viene a la cabeza cuando nos paramos a pensar es que gracias a esta lengua conocemos las etimologías de las palabras en castellano; esta evidencia es la más utilizada por los defensores del mundo clásico, pero lo cierto es que tiene muchas más e incluso de más importancia. Veamos algunos ejemplos más:

  • El latín es la madre de nuestra lengua, el español; por esta razón, para conocer mejor nuestra propia lengua, debemos comenzar por el estudio del origen de la misma.
  • Por otro lado, nos permite conocer mejor nuestra literatura, en la cual se encuentran infinidad de temas sacados de la historia y mitología clásicas.
  • Además nos facilita el aprendizaje de las lenguas romances (como son el italiano, el francés, el catalán, etc.), las cuales derivan del latín.
  • Por otra parte y por sorprendente que parezca, nos facilita el aprendizaje del inglés, ya que el sesenta y dos por ciento del vocabulario proviene del latín (el cuarenta y cinco por ciento es transmitido a través del francés y el diecisiete por ciento directamente viene del latín).
  • También cabe añadir que hoy día conservamos y utilizamos un gran número de latinismos, como por ejemplo, la palabra “Spa”, que quiere decir “salud por medio del agua” (en latín, “salus per aquam”). Otro ejemplo es el conocido “currículum” que elabora todo aquel que busca trabajo, palabra que procede del “curriculum vitae”
  • También el latín es fuente de nuestro actual vocabulario científico y vemos que todos los nombres de animales y de plantas están en latín: de gato, “feliscatus”; de ciprés, “cupressus”... Igual ocurre con los nombres de la tabla periódica: el hierro tiene las letras Fe como símbolo, lo cual deriva del sustantivo latino “ferrum”.
  • Y, por último, es bien sabido que nuestra cultura contiene raíces grecolatinas, empezando por el alfabeto y continuando por la Filosofía o el Derecho.

keep-calm-and-study-latinEn conclusión, como decía Esteban Bérchez Castaño, presidente de la Sociedad Española de Estudios Clásicos de Castellón y Valencia:

“La utilidad no debe medirse por la utilidad de los resultados, sino por la durabilidad de estos resultados y por la fortaleza de los conocimientos adquiridos”.

En mi opinión, considero que la elaboración de esta pequeña reseña sobre la utilidad del latín me sirve para amar aún más esta lengua. Mi entusiasmo y mis ganas por conocer cada detalle sobre el mundo clásico han aumentado; quiero saber más sobre esta sociedad que ha dejado huella hasta nuestros días y, sobre todo, me encantaría dedicarme a transmitir los conocimientos que he adquirido durante estos años. Ojalá que pequeñas reflexiones como ésta ayuden a concienciar a todos aquellos que desprecian los estudios de Humanidades acerca de que éstos sí son realmente importantes.

Rosario C. M.

2º Bachillerato (Curso 2016/2017)

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