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Otros ojos para ver el Museo del Prado: Velázquez y Las hilanderas

1024px-velazquez-las_hilanderas1Velázquez pintó esta obra posiblemente antes de su segundo viaje a Italia (1649-1651), aunque algunos la fechan hacia 1657. Popularmente conocida como Las hilanderas, su título correcto es la Fábula de Aracne, que se inspira en un mito que cuenta Ovidio en su libro VI de las Metamorfosis.

Como en sus cuadros de juventud ─en los que el tema religioso se relega al último término con una voluntaria ambigüedad, mientras que el primer plano se interpretaba como cuadro de género o de bodegón─, aquí también la acción principal (el momento en que Palas Atenea, diosa que presidía las artes y los oficios, va a convertir en araña a Aracne, famosa tejedora de Lidia que se había atrevido a desafiarla a tejer) se desplaza al fondo, luminoso pero ambiguo en su tratamiento. En el primer término nos presenta un taller de hilanderas y tejedoras en toda su directa y sencilla cotidianeidad –véase el gato semidormido sobre los vellones caídos–. Ello hizo que hasta 1947 se interpretase como una simple imagen del obrador de hilanderas de la Real Fábrica de tapices de Santa Isabel.

Así, los diversos momentos de la narración que se recogen en una sola escena está vinculados visualmente por la luz. La composición está dividida en varios planos, reservándose el más cercano al espectador para las figuras a contraluz, ya que la iluminación penetra por la abertura del fondo, habitación en la que se desarrolla el segundo episodio de la narración. El punto de transición entre ambos planos se materializa en la mujer que, a contraluz, se agacha para recoger un objeto del suelo.

capilla2520sixtina25202Es rico el juego de diagonales y escorzos, pero con una distribución compensada de los personajes. En la contraposición de actitudes de las dos figuras del primer término se ha señalado el eco miguelangelesco de los “ignudi” de la Capilla Sixtina, de manera que resulta evidente el gran influjo que los maestros del Renacimiento italiano dejaron en la obra de Velázquez a raíz de sus dos viajes a Italia (el primero había sido en 1629-1631).

ruecaUna vez más, Velázquez trata un asunto mitológico como si de un tema de género se tratase, aproximando el mito a la realidad cotidiana. La inmediatez del momento se nos transmite a través de la rueda, que gira a tal velocidad que no podemos ver sus radios.

La técnica de Velázquez llega aquí a su máximo esplendor, utilizando una pincelada libre que crea volúmenes y diluye contornos, plasmando en el lienzo la atmósfera interpuesta entre objetos y personajes y el espectador, al tiempo que consigue una perfecta armonía del color.

velc3a1zquez_-_la_fc3a1bula_de_aracne_o_las_hilanderas_28museo_del_prado_1657-5829La obra sufrió desperfectos en el incendio del Real Alcázar de Madrid en 1734. Con posterioridad a esa fecha, pero dentro del siglo XVIII, será cuando se realicen los añadidos que vemos en la imagen de la izquierda. El vano cubierto con arco de medio punto sugiere un contexto más bien necolásico, rompiendo la atectonicidad típicamente barroca con que lo pintó Velázquez. Igual ocurre con la escalera, que pierde importancia, cuando quizá sea un elemento esencial en la historia, en conexión con el intento de Aracne de ahorcarse al ver el enfado terrible de la diosa derrotada.

En el vídeo que os adjuntamos, y al hilo (nunca mejor dicho) de esta obra de Velázquez, encontramos a Javier Portús, jefe de Conservación de Pintura Española (anterior a 1700) del Museo Nacional del Prado, y a Norbert Bilbeny, catedrático de Ética y decano de Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona, dialogando acerca de los conceptos de idea y creación artística.

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